Defensa desde Cero

Qué hacer si alguien te sigue según lo aprendido con secretos callejeros

Mujer caminando con paso firme por una avenida iluminada de noche, ejemplo de autodefensa femenina y seguridad urbana para la prevención de agresión
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Correr hacia la esquina más llena de gente y cruzar hacia un tramo más despejado de la avenida Ejército no es la misma decisión, aunque las dos parezcan puro instinto de pánico. Es la pregunta que más me hacen cuando cuento que voy a clases de autodefensa femenina los sábados: qué hago si siento pasos detrás de mí y el corazón se me sube a la garganta. No tengo una fórmula mágica sobre seguridad urbana ni prevención de agresión, pero sí tengo respuestas que uso de verdad, y con esas quiero armar esta entrada, más que contarles otra noche de susto.

Son preguntas que me llegan seguido, sobre todo de otras que como yo nunca pisaron un gimnasio de artes marciales y de un día para otro se preguntan qué hacer si alguien las sigue por la calle. Voy a ir respondiendo cada una tal cual me las preguntan, con lo que de verdad me ha servido y lo que no, incluido algún curso que uso entre semana para no llegar en blanco a la clase del sábado.

¿Qué reviso primero cuando siento que alguien me sigue?

Lo primero que hago es confirmar antes de decidir cualquier cosa. Durante un buen tiempo mi respuesta automática era cambiar de ruta para evitar las calles más oscuras, aunque eso significara llegar tarde casi siempre, y la verdad es que ese truco nunca me quitó del todo la sensación de estar vigilada, solo la estiraba unas cuadras más. Ahora reviso el ritmo de los pasos detrás de mí antes de tomar cualquier decisión, algo que empecé a poner en práctica después de ver 21 Secretos para Vencer a Agresores Callejeros, un curso en video que uso entre semana. Sigo siendo bastante principiante en todo esto, y esa mentalidad de principiante, en vez de estorbarme, me obliga a no dar nada por sabido cuando camino sola.

Mi regla es simple: si acelero un poco y la persona de atrás acelera también, ya no es casualidad, es información. Ahí es donde entra lo que en otra entrada llamo conciencia situacional, que para mí no es más que fijarme antes de que haga falta reaccionar. En la avenida Ejército, que es por donde más camino volviendo de la oficina, ya sé qué tramos tienen más luz y en cuáles conviene mirar sin girar todo el cuerpo.

Primer plano de pies dando un paso decidido sobre la vereda mojada, gesto de autodefensa femenina para no parecer un blanco fácil

Cambiar el ritmo dice más que cambiar de vereda

En los videos de Secretos Callejeros aprendí a usar el reflejo de una vitrina o un vidrio cualquiera para confirmar sin romper el paso ni darle la cara completa a quien viene detrás. Nada de girar como buscando pelea, solo un vistazo de reojo que no delata nada. Eso conecta con mejorar la conciencia situacional al caminar a casa, otro tema que dejo para su propia entrada, pero que aquí resumo en una frase: mirar sin que se note que estás mirando.

Todavía recuerdo el día que alguien se paró demasiado cerca mientras yo esperaba el bus en la avenida Ejército, y en vez de quedarme clavada mirando el piso, di un paso al costado sin pensarlo, casi antes de darme cuenta de que ya lo había decidido. Calmar el cuerpo antes de decidir cualquier otra cosa es tema para otro texto, pero esa tarde entendí que el paso al costado ya era, en sí mismo, una forma de calma.

Espacio abierto contra multitud, mi manera de pensar la seguridad urbana

Durante mucho tiempo pensé que meterme entre más gente era lo más seguro. En clase me explicaron lo contrario: en una calle llena, quien te sigue se puede acercar mucho más sin que nadie note nada raro. Mi regla ahora es otra: si el peligro se siente real, busco un tramo abierto y con luz de la avenida Ejército donde tenga espacio para moverme, no un montón de gente estorbando la salida. Esto tiene que ver con priorizar escapar antes que enfrentar, algo que dejo para otra entrada sobre qué hacer si no sabes pelear, y también con la importancia del lenguaje corporal para no parecer un blanco fácil, aunque por dentro el corazón vaya a mil.

Enderezar la espalda y caminar con un paso decidido no me convierte en policía de la calle, pero sí cambia algo en cómo me mira quien pasa cerca. La confianza que se lee en el cuerpo merece su propio espacio en el sitio, y aquí solo digo que a mí me sirvió más que cualquier discurso que me diera a mí misma en la cabeza.

¿Y si me quedo muda, como me pasa casi siempre?

Se me sigue haciendo nudo la garganta cuando el instructor pide que gritemos un '¡no!' que se escuche en toda la sala. Marcial, que dirige el grupo de iniciación al que voy, abre cada sesión con el mismo chiste malo, sin cambiarle una coma, y aun así me río todas las veces como si fuera la primera. Quedarme congelada un segundo antes de reaccionar tiene su propia entrada en el sitio, pero en el momento se siente simplemente como si el cuerpo tardara en ponerse de acuerdo con la cabeza. Lo de usar la voz como defensa también lo dejo para otro texto; aquí solo cuento que a mí todavía me cuesta soltarla entera.

De todo lo que fui juntando, evitar asaltos en la ciudad empieza mucho antes de que alguien te ponga una mano encima, y eso lo entendí más rápido gracias a Tina, mi compañera de clase, que lleva un poco más de tiempo que yo en el grupo y que sin que nadie se lo pida siempre trae algo de fruta para repartir cuando llega el descanso. Si nunca hiciste artes marciales, como yo hasta hace poco, algo que ayuda de verdad es cómo empezar a entrenar autodefensa desde cero, sin sentir que llegas tarde a algo que las demás ya saben.

Cuando llego y me siento a anotar cómo me fue esa clase, todavía me tiemblan un poco las manos al abrir el cuaderno, aunque la calle haya quedado atrás hace rato. Si algo saco en limpio para quien me pregunta esto es que no hace falta que la voz salga perfecta la primera vez, alcanza con que el cuerpo se mueva un paso en la dirección correcta.

Piensa en esto antes de reaccionar

Poner un límite físico sin sentir vergüenza tiene su propia entrada en el sitio, y aquí solo digo que a mí un paso al costado ya me cuenta como eso, no hace falta gritar ni pelear para que valga. Lo que sigo usando entre semana para no llegar en blanco a esas decisiones es 21 Secretos para Vencer a Agresores Callejeros, sobre todo porque no promete convertirme en experta de nada, solo darme un par de puntos claros para cuando se me nubla la cabeza.

Si me preguntan qué hacer la próxima vez que sientan pasos raros detrás, mi respuesta corta es esta: confirmen el ritmo, busquen espacio antes que multitud, y dejen que el cuerpo hable aunque la voz todavía no salga entera. A quien quiera algo más armado para ir practicando esas respuestas le dejo 21 Secretos para Vencer a Agresores Callejeros, que tiene una calificación de 4.5 entre quienes ya lo probaron y que a mí, por ahora, me sigue sirviendo más que cualquier consejo suelto de alguien bienintencionado.

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