Defensa desde Cero

Cómo proyectar seguridad con la voz para evitar situaciones de riesgo

Mujer caminando de noche por una calle de Arequipa practicando cómo proyectar seguridad con la voz, un recurso de autodefensa para principiantes

Gritar lo más fuerte posible y sonar realmente firme no son la misma cosa, aunque en cualquier clase de autodefensa para principiantes casi todas empezamos pensando que sí. Antes de seguir, va la advertencia de siempre: en este texto sobre seguridad callejera vas a encontrar algún enlace de afiliado, y si compras un curso a través de él me llevo una comisión pequeña que ayuda a pagar mis clases de los sábados, sin que a ti te cueste nada extra. Solo hablo de lo que yo misma probé en mis tardes torpes de entrenamiento, y si algo no lo he tocado te lo digo directo. No soy instructora ni experta en seguridad, apenas una oficinista que se cansó de caminar con el estómago apretado, así que para consejos serios habla con alguien certificado.

Seguridad callejera: el mito de gritar más fuerte

La idea que circula es esta: si alguien se te acerca de mala manera, hay que gritar con toda el alma, mientras más fuerte mejor, porque el volumen es lo que espanta. Yo también lo creía durante buena parte de mis clases. El problema es que un grito agudo y desesperado suena exactamente a lo que es, pánico puro, y el pánico no asusta a nadie que ya viene decidido a molestar. La prevención de riesgos en la calle no depende de cuántos decibeles saques del pecho, sino de qué tan sólida suena tu voz cuando por fin la usas. Sé que el cuerpo se puede quedar completamente mudo en el momento (de eso ya escribí en otra entrada), pero aquí me interesa lo que pasa cuando sí consigues abrir la boca.

Entender que el volumen no es lo mismo que la firmeza me hizo buscar más información fuera de la clase presencial, y así fue como di con el curso online 21 Secretos para Vencer a Agresores Callejeros, que se mete de lleno en este tipo de detalles que nadie explica bien en un salón lleno de gente amable.

Manos sosteniendo un celular con un video de autodefensa para principiantes y un cuaderno de notas sobre seguridad callejera.

¿Por qué un tono grave impone más que un grito agudo?

Bajar el tono, no subir el volumen, es lo que de verdad cambia la lectura que hace la otra persona. Un tono grave y directo rompe la expectativa de encontrarse con alguien sumiso, y por eso incomoda más que un chillido, por fuerte que sea. La regla que me quedó grabada es simple: suelto el aire antes de hablar, bajo un poco el mentón y digo una frase corta y clara en lugar de alargar un grito. No hace falta convertir la voz en otra cosa, alcanza con que suene segura de lo que dice.

Practicar esto frente al espejo de la sala, mientras el agua para el té todavía no rompía a hervir, me hizo notar que mi gato me miraba raro, pero también que la voz dejaba de temblar en cuanto soltaba el aire con fuerza antes de hablar. Dejé de sonar como alguien que pide permiso para pasar. Si quieres profundizar en los detalles de lenguaje corporal que se cruzan con todo esto, lo cuento en mi experiencia con los secretos para vencer a agresores callejeros, que ahí sí me extiendo más.

Un límite marcado en la calle Mercaderes

Antes de aprender esto, mi truco de emergencia en la calle Mercaderes era cargar las llaves entre los dedos como si fueran garras, sin tener ni idea de si eso realmente servía para algo en un momento real o si solo me hacía sentir un poco menos indefensa. Una tarde cualquiera, caminando por esa misma calle a paso normal, un tipo se acercó demasiado, hablando de vender algo que a nadie le interesaba comprarle a esa hora. En vez de apretar el paso o el bolso, bajé el mentón, solté el aire y dije una frase corta, sin alzar la voz más de lo necesario. Se detuvo. No hizo falta gritar ni salir corriendo, solo sonar como alguien que no estaba pidiendo permiso para ocupar esa vereda.

Lo de poner un límite también con el cuerpo, no solo con la voz, es otro tema que dejo para otra entrada, aunque las dos cosas terminan yendo juntas. De hecho, leer el lenguaje corporal antes de que la voz tenga que entrar en juego es algo que cuento con más calma en la importancia del lenguaje corporal para evitar ser un blanco, por si te interesa ese lado del tema.

Primer plano de una mano femenina haciendo un gesto firme de alto, marcando un límite de seguridad callejera.

Lo que sí funciona cuando el cuerpo no coopera

El objetivo nunca es ganar una pelea, para eso ni entreno ni me interesa entrenar, la idea es simplemente no quedarme paralizada esperando que la situación se resuelva sola. La otra noche, sentada en un colectivo con el vidrio empañado y la ciudad pasando borrosa afuera, me di cuenta de que tenía los hombros sueltos, no pegados a las orejas como de costumbre, y fue la primera vez que noté ese detalle sin estar buscándolo. Antes, cuando el corazón se aceleraba de golpe, se me quedaba un sabor raro en la boca, como a moneda vieja, y ahora ese mismo susto se resuelve más rápido porque la voz ya sabe qué hacer sin que yo tenga que ordenárselo paso a paso.

De la distancia que conviene guardar frente a un desconocido ya hablé en otro lado, de qué hacer si notas que alguien te sigue también, y de cómo elegir una ruta más tranquila para volver a casa igual, así que aquí me quedo solo con lo que sale por la boca. Complementar las clases presenciales con algo digital ayuda a entender el porqué de cada ejercicio, y por eso sigo recomendando por qué complementar tus clases con el curso online Secretos Callejeros a quien recién empieza.

Ocupar espacio sin gritar

Sigo sin tumbar a nadie de un golpe, y no hace falta: lo que cambió es que ya no me quedo callada esperando a que las cosas se resuelvan solas. Ir a clase seguido, aunque sea con pausas y aunque a veces falte por cansancio, sostiene esto más que cualquier técnica aislada, y lo torpe que me sentí la primera vez que alguien me pidió gritar 'no' frente a todos ya lo conté en otro lado con más calma. Mi vecina, que se pasa buena parte del fin de semana cocinando platos de la zona para subirlos a sus redes, todavía se ríe cuando me ve practicar frases cortas frente al espejo, pero hasta ella nota que ahora suenan distinto. Si estás empezando de cero y no tienes cómo meterte a un gimnasio todavía, el curso 21 Secretos para Vencer a Agresores Callejeros es un punto de partida razonable, pensado para prevención y situaciones reales de calle, no para acumular cinturones.

Mano amarrando los pasadores de una zapatilla antes de una clase de autodefensa para principiantes, sobre una colchoneta de entrenamiento azul.

Todavía hay momentos en que la voz me sale más aguda de lo que quisiera, sobre todo cuando el instructor me pone a prueba delante de todos. Pero ya no me quedo en silencio, y ese cambio, tan chico que ni se nota desde afuera, hizo que volver a casa bajo el alumbrado que parpadea sea bastante más tranquilo. La voz no es magia ni te vuelve invencible: es, simplemente, la primera herramienta que siempre tienes a la mano.

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