
El empujón me llega por el lado derecho, sin aviso, justo como el instructor dijo que iba a pasar. Y lo primero que hago, antes de pensar nada, es acomodar los pies, bajar el centro y no decir "perdón". Ni siquiera miro si choqué con la compañera de al lado, que para variar también anda tropezándose con sus propios pies. Es un ejercicio de autodefensa femenina tan simple que suena tonto escribirlo, pero a mí me costó bastante dejar de disculparme por ocupar espacio en la calle.
Antes de seguir, una aclaración rápida: en este texto hay enlaces de afiliado, y si compras algo a través de ellos recibo una comisión sin que a ti te cueste un centavo extra. Solo hablo de lo que yo misma he probado en mis sábados de práctica, y si algo no me convenció del todo, lo vas a leer igual, sin maquillarlo. Tampoco soy instructora certificada ni nada parecido: apenas llevo un año yendo a estas clases y todavía se me traba la voz más de lo que quisiera admitir.
La parte que más se me complicaba era el tramo cerca del puente Grau, ya entrada la noche, cuando el frío que sube del río se siente más fuerte por la altura que tiene esta ciudad, aquí en el sur del Perú: estamos a 2335 metros sobre el nivel del mar, así que el aire pesa distinto apenas se esconde el sol. Durante un buen tiempo mi única táctica para esa zona fue llevar las llaves apretadas entre los dedos, calculando que de algo servirían, aunque nunca tuve la certeza de que realmente funcionaran. Nadie me lo explicó así; era más una costumbre que había visto hacer a otras mujeres, y yo la copié pensando que con eso ya estaba cubierta.
El mito de las llaves entre los dedos en la autodefensa femenina
Resulta que ese es justo el mito más repetido entre quienes recién empiezan: pensar que un objeto en la mano es lo que te va a sacar de un problema. El instructor, que tiene una paciencia envidiable (ya quisiera yo esa paciencia para mis propios lunes de oficina), repite seguido que un objeto no reemplaza lo que tu cuerpo y tu voz ya pueden hacer por sí solos. Lo entendí mejor cuando empecé a revisar el curso 21 Secretos para Vencer a Agresores Callejeros en mis ratos libres entre semana. En el salón de los sábados me concentraba sobre todo en no chocar con la compañera de al lado sobre la colchoneta; el curso fue lo que me obligó a pensar en mi calle real, en el tramo del puente Grau, y no en ese espacio prestado de piso acolchado.
La corrección real no tiene nada que ver con lo que cargas en el bolsillo. Tiene que ver con la postura, con hacia dónde miras, y sobre todo con que tu voz suene firme cuando necesitas que suene firme; el tema de la voz como herramienta de defensa da para un artículo entero, pero a mí me bastó notar que cuando dejé de mirar el piso al caminar, algo en cómo reaccionaba la gente a mi alrededor también cambió. Mi vecina, por ejemplo, sube videos cocinando platos de la región a sus redes sociales sin pensarlo dos veces; yo en cambio dudaba hasta de decir "no" sin que me temblara la voz. Tampoco es que una principiante como yo se vuelva experta en lenguaje corporal de la noche a la mañana: simplemente empecé a pararme distinto, aunque fuera por pura terquedad de practicar frente al espejo de mi cuarto.

¿Por qué la seguridad urbana no depende del objeto que llevas en la mano?
Esto se nota más cuando pienso en la seguridad urbana real, la de todos los días, no la de película. Repasé más de una vez estos consejos para mejorar la prevención de riesgos al caminar por zonas poco iluminadas, porque el tramo del puente Grau de noche entra justo en esa categoría. Y si trabajas hasta tarde como yo, estos consejos de seguridad para mujeres que salen tarde de la oficina caminando tocan algo parecido: la preparación mental pesa tanto como cualquier objeto que puedas llevar encima, si no es que pesa más.
Nadie en esas clases nos enseña a buscar pelea, por cierto, todo lo contrario, y eso es algo que el curso 21 Secretos para Vencer a Agresores Callejeros también repite bastante: la prioridad siempre es escapar o alejarse antes que confrontar, algo que al principio me costaba entender porque yo imaginaba la autodefensa como una película de acción. Sé que existe todo un tema sobre qué objetos cotidianos pueden servir de apoyo en una situación así, pero ese no es el punto de lo que aprendí con las llaves: el objeto nunca fue lo importante, era la calma que me faltaba para notar el problema con tiempo de sobra.
La voz y la postura pesan más que cualquier llavero
Vuelvo al ejercicio del empujón porque ahí fue donde más lo entendí. La primera vez que alguien me empujó en clase me quedé completamente en blanco, con la mirada fija en un tubo de luz de la esquina del salón que parpadea cada tanto, como si también estuviera nervioso. No dije nada, no me moví, nada. Para esos momentos en que la mente simplemente se apaga, me sirvió mucho leer sobre qué hacer cuando te quedas en blanco ante una situación de tensión, porque a mí me pasaba justo eso, no una sola vez sino varias. Con la práctica, el mismo ejercicio cambió: alguien me empuja, yo acomodo los pies, y ya no digo "perdón" por estar ahí parada. Esa fue la diferencia real, no el llavero que llevaba en el bolsillo.

Aprender a no disculparte: el otro lado del bienestar emocional
Si tuviera que resumir esto en una sola idea para cualquier mujer que recién empieza, sería esta: deja de buscar el objeto correcto y empieza a trabajar la postura, la mirada y la voz, en ese orden. Eso es lo que de verdad cambia cómo te mueves por la calle, no el llavero ni ningún accesorio de moda. El bienestar emocional que se siente al caminar sin encogerte no viene de cargar algo extra en la cartera: viene de haber practicado, aunque sea torpemente, decir "no" en voz alta frente a otras personas hasta que deje de avergonzarte.
Cuando todavía sientas que te falta ese empujón de confianza para tus caminatas de noche, ahí está el curso 21 Secretos para Vencer a Agresores Callejeros, que fue justo lo que me ayudó a soltar la voz cuando más lo necesitaba. No te va a convertir en luchadora de octágono, ni es esa la idea, pero si lo que buscas es dejar el llavero de lado y entender qué hacer con el cuerpo y con la cabeza, a mí me funcionó, y lo digo sin exagerar.
| Producto | Puntuación | |
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21 Secretos para Vencer a Agresores Callejeros
Ventajas
- + Enfoque real de supervivencia callejera
- + Ideal para procesar el miedo a tu propio ritmo
- + Explicaciones directas para gente sin experiencia
Desventajas
- ○ No tiene el feedback físico de un instructor
- ○ Requiere disciplina para practicar sola en casa